Cambios y desarrollos en las tecnologías gubernamentales
A través de tiempo la
tecnología ha afectado en gran medida a las organizaciones
sociales. Sin embargo, estas transformaciones no son tan profundas como las que
la tecnología informática está produciendo al Estado, lo cual convierte el
cambio de esta gran organización en una realidad inminente. En la historia se ha
visto cómo los gobiernos progresivamente han evolucionando su
estructura y aprovechado las nuevas herramientas de los inventos y la
tecnología. Así, por ejemplo, los caminos romanos habilitaron al imperio para llevar su
poderío hasta sus confines, el telégrafo permitió el dominio de los imperios
europeos sobre sus colonias, y el teléfono y el télex permitieron la
consolidación de las economías de mercado y los sistemas constitucionales
modernos.
Pero, no todo ha
evolucionado tan fluidamente hacia la modernización del Estado. El problema
radica en que las instituciones exitosas son las últimas en cambiar, convirtiéndose
así con el correr del tiempo en organizaciones excesivamente grandes,
altamente centralizadas, lentas, poco flexibles, derrochadoras e
ineficaces. Estos, en esencia, son los síntomas de la problemática de los
gobiernos modernos.
La forma tradicional de
la organización dentro del Estado, basada en un sistema jerárquico que agrega
valor de manera lineal, ignoró el recurso más grande de la organización, el
potencial poder de la mente, de la energía y de la creatividad de hombres y mujeres en
la organización: el conocimiento interrelacionado.
Actualmente, los
gobiernos son considerados ineficientes y es común el sentir de que el sistema no
responde a la realidad de nuestros tiempos, lo cual viene a confirmar en la ciudadanía
un clima de incertidumbre. Con la aparición de la
tecnología informática, el modelo del Estado liberal comienza a
resquebrajarse, poniendo en crisis conceptos institucionales,
organizacionales y
relaciones de poder heredados desde tiempos inmemoriales.
Hoy día la crisis es
diferente, los gobiernos simplemente no funcionan, el crecimiento exponencial
de los procesos de integrar valor -lineales y realizados por humanos- en un
entorno de excesiva centralización ha llegado a tal
volumen que está
llevando el sistema al borde del colapso. La debilidad del sistema se refleja en
la continua dependencia de la administración de procesos humanos y métodos de
generación de servicios para un consumo masivo. Esto 4 ha convertido a los
estados en administradores incapaces de colmar con las expectativas de un
servicio personalizado que reconozca las diferencias y la individualidad.
El sistema se acerca a
su límite y se hace necesaria una solución que no está
en simples parches y
reparaciones de forma.

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